miércoles, junio 21, 2017

"Izquierda" y "Derecha"

En estos tiempos de ignorancia y manipulación mediática generalizada, el término “democracia” no es el único que ha sido corrompido, en este caso para hacer creer a la gente en la farsa de los sistemas políticos parlamentarios “representativos”. Otras muchas palabras o ideas son tergiversadas una y otra vez en los medios de propaganda del Régimen, al igual, como no, que la Historia, que ha sido debidamente reescrita en parte, y olvidada por otro lado.

Como todos habréis leído ya “1984” sabréis perfectamente a qué me refiero.

Con el concepto de “izquierda” también han hecho lo mismo.

Hoy en día se oye mucho eso de que lo de “izquierda” y “derecha” es cosa del pasado, que a estas alturas esos términos ya no tienen sentido. Y en realidad es cierto, tan corrompidos están por la manipulación. Y es que, al igual que pasa con la “democracia”, casi todo lo que hoy se toma por “izquierda”, tampoco lo es.

Pero para combatir el lavado de cerebro está el sentido común, así que ahí vamos con ello. Empiezo con la derecha:

La “derecha” es y siempre ha sido ese sector de la sociedad que defiende la desigualdad. Son los que quieren que unos manden y otros obedezcan. Que unos tengan mucho y otros poco -o nada-. Que haya ricos y pobres.
Naturalmente, esa desigualdad se extiende a todos los niveles, no sólo a lo económico: castas, razas, clases sociales, naciones... y con ello, fronteras, patrias y banderas.
La sociedad que defiende la derecha es la del egoísmo como base de la conducta humana: todos compitiendo contra todos (individual y colectivamente) y que gane el que más se lo merezca. La ley del más fuerte.
A lo más “noble” que aspira una parte de la derecha -los “liberales”- es a una mal llamada “libertad” -otro término corrompido-, que ellos entienden como el debilitamiento de los gobiernos, para que estos no puedan recortar los beneficios de los que han tenido éxito en esa competición amoral y despiadada que ellos llaman “civilización”.
Esta posición se justifica de muchas maneras: que no se puede evitar, que el mundo es así, que la gente es egoísta por naturaleza, que siempre ha habido líderes y seguidores, que no hay recursos suficientes para todos, que si se da pan gratis la mayoría no trabajarían porque son unos vagos...
Dogmas y bobadas, pero por desgracia, grabadas a fuego en los cerebros de demasiadas personas.

Por otro lado, la “izquierda” es, obviamente, lo contrario: la izquierda defiende la igualdad. Que no haya unos que manden y otros que obedezcan, que los recursos disponibles se repartan equitativamente, que no haya ricos ni pobres.
Esto es, una sociedad basada en el altruismo, el respeto mutuo, la cooperación, la solidaridad, la justicia... y como para que exista todo eso debe existir también libertad y democracia -las de verdad-, pues libertad y democracia también son izquierda.

En base a ello, podemos posicionar realmente a actores presentes y pasados. Por ejemplo, al contrario de lo que predica el dogma oficial, el gobierno soviético “comunista” queda identificado, sin lugar a la duda, con la derecha. ¿Y el actual de Venezuela? Derecha. ¿Cuba? Derecha. ¿USA? Derecha. ¿España? Derecha. Etc.
En todos esos países hay unos pocos que mandan y un pueblo que obedece. En todos hay pobres y ricos. En todos gobierna la derecha.

Y con los partidos políticos lo mismo:
¿Qué partido hoy en día funciona sin jerarquías, sin líderes y seguidores?
¿Cuál defiende un gobierno del pueblo, esto es, con asambleas y referéndum, con ciudadanos -todos iguales- elegidos por sorteo, ejerciendo los cargos de forma temporal y rotatoria?

Todos los partidos políticos son de derechas (me refiero, como siempre, a los que cuentan, esto es, los que salen por la tele).

Y sus líderes, lo mismo. Por ejemplo, Iglesias el Gran Líder Supremo, ¿izquierda? Venga ya.

Y así, al contrario, una vez más, de lo que predica el dogma oficial, hoy nos encontramos con que la izquierda es una reducidísima minoría, en España, y en prácticamente todo el mundo.
Una minoría además invisible, porque está ausente de la televisión y de los parlamentos, herramientas ambas del Poder establecido, de los más ricos, de los triunfadores en la competición de la ley del más fuerte, del capitalismo, del neoliberalismo, esto es, de la derecha.

Izquierda y Derecha. Conceptos tan válidos hoy como en el pasado, fundamentales para ayudarnos a entender la sociedad que nos rodea.

Siempre y cuando uno rechace el dogma oficial y use la cabeza.

miércoles, junio 14, 2017

El gran error de la izquierda (y III)

Capitalismo en lo económico. Representación en lo político.

Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando.

El Capitalismo como sistema económico y la Representación como sistema político han evolucionado y se han adaptado -en términos darwinistas-. A día de hoy, han conseguido imponerse globalmente sobre los demás sistemas “competidores”, cada uno en su ámbito.
Han sido “los más fuertes”. Han alcanzado la hegemonía. Temporalmente.

Sin embargo no lo han hecho de forma independiente. Política y Economía han ido de la mano, vinculadas, interrelacionadas, desde que hicieron acto de presencia simultánea, en algún momento y lugar de nuestra Historia.

Capitalismo y Representación han evolucionado juntos, se han hecho más fuertes juntos. Se han alimentado mutuamente, se han apoyado, se han reforzado uno al otro.

Simbiosis.

La actual hegemonía del capitalismo como sistema económico universal no sería posible sin la complicidad de los políticos profesionales de todo el mundo, que, desde su aparición, han servido a los ricos y poderosos, han ejecutado políticas que les han permitido enriquecerse y empoderarse cada vez más -a costa del Pueblo, casi siempre-, y han legislado para consolidar esas políticas y ese sistema.

Por su parte, los actuales partidos y líderes políticos “representativos” de todo el mundo no estarían donde están sin el apoyo del Poder económico y sus grandes medios de comunicación, que les han proporcionado los votos que han necesitado para estar ahí.
Ese poder económico también ha usado la maquinaria propagandística para vender las bondades imaginarias de la Representación como sistema político, incluso para convertirla, a ojos de casi todos, en “democracia”.
Más aún, el Poder económico ha tumbado gobiernos, ha provocado boicots, golpes de estado, revoluciones, guerras, para establecer gobiernos afines y/o regímenes representativos -”democracia occidental”, lo llaman-, allá donde le ha convenido.

Capitalismo y Representación comparten éxito, y comparten destino. Son dos caras de la misma moneda.

No se puede reemplazar uno sin reemplazar al otro.

Es estéril intentar atacar o modificar sustancialmente el Capitalismo mientras este sistema esté protegido por el poder político.

Por ejemplo, es estéril reivindicar el no pago de la deuda, o una renta básica en España, mientras los políticos que gobiernan -aquí y en todas partes- sirvan a los que quieren cobrar la deuda y a los que les conviene una buena cantidad de precariedad y miseria en este país, que les proporciona todos los trabajadores desesperados a precio de saldo que desean.
Y es estéril poner en marcha modelos económicos alternativos, bitcoins y faircoins, monedas sociales, mercadillos de trueque, bolsas de tiempo, cooperativas o asociaciones de consumidores responsables... con un sistema político entorpeciendo y desincentivando por un lado, favoreciendo la competencia desleal por otro.

Y así llegamos de nuevo al gran error de la izquierda de hoy. Pretender cambiar el sistema económico sin cambiar el sistema político. Pretender obtener una “economía del bien común” sin obtener simultáneamente una “política del bien común”, esto es, una democracia real.

Si queremos un sistema económico justo, necesitamos democracia.

Y no la tenemos.

O trabajamos por ambas cosas a la vez, o no tendremos ninguna de ellas.

jueves, junio 08, 2017

El gran error de la izquierda (II)

Una parte -demasiado pequeña- de las personas de izquierdas de hoy en día, aún mantiene la lucidez suficiente como para tener claro que, para poder alcanzar ese “Pan, Trabajo, Techo, e Igualdad” al que aspiran, es imperativo erradicar una lacra cuya mera existencia hace inviable la consecución de esos objetivos: el actual sistema económico, esto es, el Capitalismo.

Hoy, el Capitalismo establece las reglas de forma global. Y la consecuencia directa de la aplicación de esas reglas es la tendencia a generar, sostener y aumentar las desigualdades e injusticias.
Por ejemplo, la Pobreza, que es consecuencia directa del sistema económico que la genera. O los déficit en atención sanitaria -tanto en la “Sanidad Pública” como en la privada-, que son consecuencia directa de la priorización de lo económico sobre la vida humana. Etc.

Mientras sigan funcionando las mismas reglas económicas, ninguna lucha por cambiar las cosas tendrá efectos importantes o duraderos. Las trabas que impone el sistema económico impiden los grandes objetivos, mientras que las victorias parciales que se arrancan con tanto sacrificio, con los años, acaban por perderse de nuevo.
Como bien hemos podido comprobar hoy en día en nuestro país.

Cuando las reglas son perversas, cuando condicionan absolutamente el resultado final de lo que hacemos, no queda más remedio que cambiarlas si queremos resultados suficientes y permanentes.

Y por ello, hay personas de izquierdas que tienen claro que el Capitalismo es parte del problema.

Y en consecuencia, trabajan por modelos económicos diferentes variados, desde la clásica abolición de la propiedad privada, hasta la reciente, reformista y moderada propuesta de la “Economía del Bien Común” de Christian Felber, mucho más digerible para el domesticado ciudadano medio europeo de hoy en día.

Pero casi todas esas personas bienintencionadas se dejan el trabajo a medias.

Y es que, la misma lógica que se aplica a la Economía, igual hay que aplicarla a la Política: si el sistema económico es parte del problema, obviamente el sistema político también tiene que serlo. Exactamente por los mismos motivos: el sistema político hegemónico hoy en día, la “Representación” -con sus partidos políticos y sus parlamentos-, también impone las reglas a consecuencia de las cuales llegan la desigualdad y la injusticia.

Si cambiar las cosas requiere del cambio del perverso sistema de reglas en lo económico, por lógica también requerirá del cambio del perverso sistema de reglas en lo político.
De cajón.

Por desgracia, la consciencia de este hecho, pese a ser de sentido común, no está en las mentes de casi nadie. El lavado de cerebro funciona.

Y a consecuencia de ello, ahí tenemos a la gente de izquierdas pretendiendo defender sus objetivos, codo con codo con políticos y demás actores del Régimen, sujetos estos cuya misión es precisamente que esos objetivos se alcancen en el menor grado posible.

Y ahí tenemos a la gente de izquierdas pidiendo a la gente que se una a la “lucha”, codo con codo con políticos y demás actores del Régimen, que están ahí precisamente para mantener a la gente fuera de esa lucha, sumisa, dependiente, inmadura, limitada políticamente a echar un voto a una urna cada cuatro años.
Esto es, codo con codo con aquellos que trabajan contra la Democracia.

No se puede ser más incoherente.

Y por ahí, vamos mal. Por ahí sólo hay más Régimen. Por ahí está el Sistema.

Lo llaman democracia, y nunca lo ha sido.

martes, mayo 30, 2017

El gran error de la izquierda (I)

El pasado sábado tuvo lugar en Madrid la última manifestación convocada por las "Marchas de la Dignidad", en la cual unas "decenas de miles" de ciudadanos, procedentes de toda España, se congregaron bajo el lema “Pan, Trabajo, Techo, e IGUALDAD”.

Supongo que, intentando ver lo positivo, habría que estar contento de que, en estos tiempos de tanta pasividad y sumisión, todavía haya unas decenas de miles de personas que salgan a la calle, aunque sólo sea por unas horas, para demandar algo tan básico como pan, trabajo, techo e igualdad.

Pero, por mi parte, no puedo mas que sentir tristeza. Tristeza ante la falta de norte de ese buen número de personas que defienden lo mismo que yo -el derecho a una vida digna para todos los seres humanos-, y que, además, están dispuestos a actuar para luchar por ello.

Y es que es fundamental movilizarse, sí. Y está bien hacerlo con y desde el corazón, también. Pero por desgracia, además, es necesario actuar con cabeza. Y eso, desde la mayor parte de la izquierda, hace mucho ya que no se está haciendo.

Básicamente hay dos reivindicaciones diferenciadas en estas "marchas por la dignidad":
- La primera, ese "pan, trabajo y techo", que hace referencia a las condiciones de vida dignas a las que tendría que tener derecho todo ser humano individualmente.
- Y la segunda, la "igualdad", que hace referencia a la sociedad en su conjunto, y que está ahí como requisito necesario para que puedan existir las condiciones anteriores.
Esto es, sin igualdad, no hay posibilidad de garantizar una vida digna para todas las personas. Desigualdad es igual a pobreza, miseria, injusticia, egoísmo, corrupción...
Así que, sí, la igualdad es irrenunciable.
Pero... ¿sólo eso?

La igualdad es necesaria, pero no es el único pilar fundamental para construir una sociedad digna.

Otro pilar obvio es la LIBERTAD. Tan necesario e irrenunciable como la igualdad.

Sin embargo, la libertad no está en el lema de las marchas. No es una reivindicación básica de las marchas. Lo cual es un error de bulto.

Pero es mucho peor.
Hay otro pilar fundamental que es condición necesaria para poder alcanzar el objetivo de esa vida digna para todas las personas: la DEMOCRACIA.

¿Acaso es posible que todos los seres humanos vivan dignamente si son gobernados por otros, por unos pocos, por una élite de privilegiados con poder para imponer su voluntad al Pueblo?

La democracia es el único sistema de gobierno que puede proporcionar pan, trabajo y techo para todos. Es el único sistema político que hace posible la igualdad y la libertad.

Pero la democracia tampoco se defiende desde las marchas por la dignidad.
Como tampoco se defiende desde la izquierda.
Desde hace mucho.

Y ese es el gran error de la izquierda de hoy: el desprecio por la democracia.

No es algo que se haga por mala fe, por supuesto.
Es ignorancia.
El lavado de cerebro ha funcionado, no sólo en las personas conservadoras, esto es, de derechas. También ha funcionado en las de izquierdas.

Hoy en día apenas nadie sabe lo que es la democracia. Apenas nadie sabe que los sistemas políticos de representantes son aristocracias: nunca fueron, ni pueden ser, ni hubo intención de que fueran, democráticos.

Y es lógico y normal que, si no se sabe lo que es la democracia, no se defienda, no se luche por ella.

Pero es un error. Fatal.
Un error que convierte esta movilización, como todas las anteriores, como todas las acciones de este tipo, en gestos inútiles. Estériles. Vacíos. En una completa pérdida de tiempo, de recursos, de energía.

Excepción hecha, eso sí, de esos pocos “listos” que utilizan estas movilizaciones para pescar votos. Ellos sí sacan provecho de estos actos.
Pero a la sociedad en general, o a las personas más desfavorecidas en particular, estas “marchas por la dignidad” no les sirven absolutamente para nada.

Al igual que no se puede construir una sociedad digna sin igualdad y libertad, tampoco se puede sin la herramienta que permite a los seres humanos gobernarse a sí mismos: la democracia.

Pero la izquierda pretende sacar dignidad de un sistema político representativo. Que es como pretender obtener peras de un olmo.
Sin rechazar la oligarquía que soportamos, espera frutos de una democracia. Como si tuviéramos una. Como si hubiéramos vivido alguna vez en democracia.

La izquierda ha perdido totalmente el norte.

No avanza hacia la democracia. No la demanda. No la defiende. No lucha por ella. Ni siquiera sabe lo que es.

Y por ahí, vamos mal. Por desgracia, la dignidad no se encuentra en esa dirección.
Por ahí sólo hay más Régimen. Por ahí está el Sistema.
Por ahí sólo hay más de lo mismo.





Lo llaman democracia, y nunca lo ha sido.


miércoles, mayo 03, 2017

“Borgen”, o el mito del buen político

¿Qué pasaría si el Presidente del Gobierno fuera una persona honrada y competente?


Es imposible, ya lo sé. Pero si le echamos imaginación... si fantaseamos... si nos ponemos en que podría ocurrir lo imposible... ¿qué pasaría?

Tranquilos, no cortocircuitemos la maquinaria cerebral con tan peliaguda disquisición. No es necesario. Ya lo han hecho otros por nosotros.

La respuesta a esa cuestión la desarrolla “Borgen”, una serie de televisión danesa de política-ficción, cuyo punto de partida es precisamente ese: la honrada y competente Birgitte Nyborg, líder del emergente Partido Moderado, llega al poder, con un programa bueno para todos los ciudadanos y con la firme voluntad de hacer realidad la voluntad del pueblo danés.

La serie desarrolla las vicisitudes de esta brillante y voluntariosa política, en su intento de hacer realidad esa “nueva política” de la que tanto se habla, pero que nunca se ve por parte alguna.

La ficción es bastante realista y, por tanto, Birgitte fracasa. A medida que van avanzando los meses de mandato, vemos como la flamante Primera Ministra se va topando con los intereses existentes en el ámbito político: corrupción, incompetencia, luchas de poder internas de los partidos, por un lado, y por otro, el Poder económico y el Poder mediático, que le impiden, una y otra vez, cumplir con sus promesas y sus propuestas, incluso le hacen imposible mantener sus principios morales, esos que la hacían diferente a los demás políticos.

La serie es muy buena, de mucha calidad, muy superior a la habitual morralla USA a la que estamos acostumbrados. Y es muy entretenida. Merece la pena, para aprender un poco sobre lo que es, en el fondo, la política de estos tiempos.

Y, llegados a este punto, cualquiera que me conozca lo suficiente estará pensando que estoy promocionando una serie de mi agrado, esto es, muy crítica con el Sistema Político, el danés en este caso. Por cierto, similar, en lo que a las reglas se refiere, al español (en contraposición al sistema mayoritario de USA o Francia).
Sin embargo, no es así. A pesar de todas las miserias del mundillo político que muestra, la serie es pura propaganda en favor del Sistema. Propaganda de mucha calidad, muy sutil, muy disimulada... pero eficaz, muy eficaz.
Al final, cuando terminas la serie, la idea que esta te deja en la mente es que “esto es democracia y aunque no es perfecta, es el gobierno menos malo posible”. Pese a todo lo que se denuncia, este producto televisivo, en la práctica, lleva a la resignación, al conformismo, a la sumisión al Régimen.
“Aceptémoslo, porque es lo mejor que se puede conseguir”.
Nos deja esa idea clave, y una buena cantidad de dogmas del Sistema, reforzados, en nuestro cerebro.
Manipulación, de la buena.

Ahí lo dejo de todas maneras, para el que le pueda interesar. En mi opinión, merece la pena incluso sabiendo que es propaganda. Y merece la pena todavía más para los que siguen creyendo en este Sistema, porque van a disfrutar, y además, la serie va a reforzar su fe. Dos por uno.



Anexo: Manipulación en “Borgen”


No he podido resistirme a extraer tres escenas -de unos pocos segundos- como muestra de cómo se ejecuta en estos tiempos la manipulación política aprovechando el ocio televisivo. Hay muchas más, y muy buenas, pero estas tres me han parecido especialmente significativas.

La primera, grandiosa.

Ahí va:

1. “Me meo en esa ingenua noción de que el poder es del pueblo.”

Michael Laugesen, líder del Partido Laborista. “Borgen”, episodio 1, primera temporada.


Esta escena es, en materia de manipulación, genial. Brillante. Ahí lo tenemos, en la televisión, el reconocimiento de que todo es una estafa, y encima, por parte de un líder político de uno de los partidos mayoritarios.
“Lo llaman democracia, y no lo es”.
La cruda verdad.
Cuesta creer que eso haya salido en la tele.
Pero claro, en la serie, esa verdad la dice el que está a punto de convertirse no sólo en el “malo” de la serie, sino en el perdedor.
Y... ¿quién hace caso a los perdedores?
Si la honesta y capaz Birgitte Nyborg lo afirmara, sería diferente... pero lo dice el perdedor de turno. Y eso es crucial.

Nuestro cerebro está diseñado para no hacer caso a los perdedores. Tampoco a los que nos caen mal o nos resultan antipáticos.
Y, en ocasiones, eso nos lleva a equivocarnos. A despreciar una cosa cierta por motivo de quién la dice. Falacia ad hominem.

Nuestro cerebro es vulnerable. Y los que saben de esto de manipular, se aprovechan de este déficit en nuestra capacidad de razonar.

Y así, en esta escena, ¡sueltan la cruda verdad, sin cortapisas, con todo el descaro... para lavar el cerebro a la gente para que la rechacen!
Reforzando así la gran mentira, base de todo, que se repite una y otra vez en todos los medios de comunicación: que vivimos en una democracia.

Magistral.

2. “Democracia es dictadura de la mayoría”

Amir Dwian, líder del Partido Verde. “Borgen”, episodio 5, segunda temporada.



Otro de los reveses de Birgitte Nyborg. Está intentando sacar un proyecto fundamental, por consenso, para que sea duradero, sostenible, eficaz. Cuestiona la imposición de la mayoría (de esas mayorías “ajustadas” -y en realidad, falsas- a las que estamos acostumbrados en España). Cuestiona que eso sea justo.
Y con razón, porque ni es justo, ni democrático.
Pero la “realidad” pone a Birgitte en su lugar. En esta escena, en boca del también honesto y competente líder de los verdes, se refuerza el dogma que nos venden una y otra vez desde los medios de propaganda.
Al final, Birgitte acabará por aceptar esa falsa definición de democracia. Y con ella, todos los manipulados televidentes que sigan la serie y que, sin pretenderlo ni darse cuenta, adoptarán las mismas ideas que les venden por medio de esos políticos ejemplares -ficticios- con los que simpatizarán o se sentirán identificados. En este caso, Birgitte y Amir. Protagonistas. Admirados. Los que tienen credibilidad. Los que usarán para contar las milongas que quieren que crean, en este caso, los daneses.

3. Políticos profesionales, parásitos profesionales.

“Borgen”, episodio 8, tercera temporada.


La que se queja con ira y desesperación es Nete Buch, diputada de los “Nuevos Demócratas”, partido de nueva creación de una renacida Birgitte. El partido se está desplomando y Nete está a punto de perder su escaño... y se ve en la cola del paro... porque, aparte de embaucar a la gente para que la voten, no sabe hacer la O con un canuto. Es una inútil total. Si pierde el escaño, se queda sin trabajo, y sin la generosa remuneración que el “curro” de político profesional conlleva.
Nete está tan desesperada que traiciona a su “amiga” y compañera de partido Birgitte y se convierte en una “tránsfuga-espía” para recuperar su antiguo puesto -y escaño- en el partido rival de ese momento de la historia.

Otra escena que emite un mensaje bien distinto a la realidad debido al modo en que se presenta.

Para empezar, en la serie, Nete es la única que se muestra temerosa de su futuro laboral por perder su escaño. Pero, siendo realista, todos los “aforados” tendrían que haber estado acojonados por perder su puesto de trabajo. Los políticos profesionales, por norma, son todos unos inútiles: aparte de mentir, engañar, obedecer al que mande y echarse el dinero a la saca, saben hacer poco más. ¿De qué trabajarían de no vivir de la política? Si fuera por sus capacidades, irían todos de cabeza al paro.

Aunque, por otra parte, lo que tampoco muestra la serie es la salida laboral habitual para políticos que pierden sus escaños: las puertas giratorias. ¿Cuántos políticos realmente tendrían miedo de perder su escaño, si saben que les espera un puesto de trabajo seguro al dejarlo?
En la vida real, es difícil encontrar un político que no tenga una cómoda “jubilación” asegurada. No sólo están los puestos de “consejeros” de grandes empresas para políticos importantes; hay también multitud de puestos de trabajo para enchufados en empresas privadas variadas, de la familia, de amigos, de los de devolver favores... fundaciones... empresas públicas... y por supuesto, puestos de trabajo en la Administración Pública, plagada de enchufados que disfrutan de un empleo seguro, según la Constitución, gracias a haber demostrado su “mérito y capacidad” en unos “justísimos” procesos selectivos. Miremos las universidades, por ejemplo, que son caso especial de esta praxis.

Que bueno, esto es en España, claro. Pero dudo mucho que en Dinamarca sea muy diferente. Aunque eso sí, allí, mucho más disimulado.

En definitiva, que la situación que se le plantea a Nete es irreal. Esta escena es también manipulación. Reconociendo otra vez una media verdad -la inutilidad conocida de algunos políticos profesionales-, nos hacen creer que los políticos inútiles son una minoría, la excepción. Cuando en realidad son la regla.

La corrupción política no es un hecho puntual o excepcional. Es una cuestión de clase. Hay una clase opresora, parásita, integrada en todos los ámbitos de la sociedad: política, economía, medios de comunicación, Administración Pública, ejército, mafias, jerarquía eclesial... y luego está el pueblo, que la sufre.

Es el Sistema.

Lo llaman democracia, y nunca lo ha sido.

Manipulación, manipulación, manipulación.

Pero de la buena. Que la disfruten.